Curicó, con más de 149 mil habitantes y emplazada sobre los sedimentos de la cuenca del río Mataquito, enfrenta un desafío sísmico particular: el suelo blando amplifica las ondas de los terremotos que periódicamente afectan la zona central, como el de 2010 que alcanzó una intensidad de VIII Mercalli en la ciudad. En ese contexto, la tomografía sísmica de refracción y reflexión ofrece un perfil detallado del subsuelo sin necesidad de perforar. Se generan ondas elásticas mediante golpes de martillo, caída de peso o explosivos controlados; los geófonos registran los tiempos de llegada y las reflexiones en las interfaces de suelo y roca. La interpretación conjunta de estos datos permite mapear con precisión la profundidad del basamento, detectar paleocanales enterrados y delimitar zonas de alteración. Este método resulta especialmente útil en la periferia sur de Curicó, donde los depósitos fluviales presentan variaciones laterales bruscas que complican los modelos geotécnicos convencionales. Para proyectos donde además se requiera la velocidad de onda de corte hasta 30 metros, el ensayo MASW complementa la información sísmica con un perfil Vs30 normativo.
En la cuenca de Curicó, la tomografía sísmica revela la geometría oculta del basamento rocoso bajo más de 40 metros de sedimentos fluviales, información crítica para cualquier cimentación profunda.
